Consiste en tomar una muestra de tejido de la próstata. Se pretende poder diferenciar entre enfermedades benignas y aquellas que no lo son. Es decir, determinar si existe o no un cáncer de próstata, analizando las muestras de tejido extraídas.

Para su realización es necesaria la introducción de una sonda de ecografía a través del ano, como si de un tacto rectal se tratase, que permite visualizar la próstata y las vesículas seminales y seguidamente realizar una serie de punciones en las  que se toman varias muestras para ser analizadas. En algunos casos puede utilizarse anestesia local.

La realización de esta técnica puede resultar algo molesta, especialmente al introducir la sonda de ecografía y realizar las punciones. En general las molestias ceden en poco tiempo. Probablemente precisará tomar antibióticos para prevenir las  infecciones y algún analgésico si las molestias fueran mayores.

Ayudará a realizar el diagnóstico diferencial entre enfermedades benignas y aquellas que no lo son. No existe otra alternativa más eficaz. Los análisis de sangre (PSA) y las exploraciones radiológicas y ecográficas aportan
datos orientativos sobre su problema que sólo pueden ser confirmados o descartados mediante esta prueba.